El Salón Barroco, en el edificio Carolino, la BUAP resguardaba un ambiente cargado de solemnidad y expectativa. Tras el estrado de madera labrada y enmarcado por los símbolos patrios y universitarios, el gobernador Alejandro Armenta Mier tomó la palabra con un tono pausado pero firme.

"Soy lobo BUAP, orgullosamente", soltó desde el pódiom. La frase no solo arrancó aplausos de la audiencia abarrotada, sino también el espontáneo coreo del lema universitario que resonó por las paredes históricas del recinto.

Armenta dirigió la mirada hacia Lilia Cedillo, quien escuchaba atenta desde la mesa de presídium. Rememoró el hito histórico de su gestión: romper una brecha de más de cuatro siglos para convertirse en la primera mujer al frente de la institución. Frente a las especulaciones de pasillo, el mandatario le aseguró firmeza en su cargo, provocando que la rectora llevara la mano a su pecho en un gesto de agradecimiento y sonrisa serena.

El discurso derivó hacia la memoria política del estado: una advertencia sutil sobre el peso que la universidad ha ejercido históricamente sobre aquellos poderes que pretendieron transgredir su autonomía. 

Antes de concluir, el gobernador planteó un compromiso a futuro: trazar una ruta hacia 2030 donde el estado asuma la mitad del esfuerzo económico junto a la federación, sellando el encuentro con un pacto de unidad entre el gobierno y la universidad.