El dinero también deja huellas. Transferencias inusuales, movimientos fuera de patrón y cuentas utilizadas para esconder o movilizar recursos se han convertido en una de las pistas que sigue el Gobierno federal para golpear una de las estructuras más sensibles del crimen: sus finanzas.

En Puebla, esa estrategia alcanzó a 111 cuentas bancarias que fueron bloqueadas por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) para impedir que los recursos depositados en ellas pudieran continuar siendo utilizados en actividades presuntamente ilícitas.

El dato fue revelado este viernes por el titular de la UIF, Omar Reyes Colmenares, durante la conferencia encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, donde presentó el balance de la Estrategia de Inteligencia Financiera aplicada entre 2024 y 2026.

La cifra poblana forma parte de un mapa mucho más amplio. En todo México, la UIF ha congelado 24 mil 622 cuentas relacionadas con operaciones sospechosas, de modo que las 111 registradas en Puebla representan cerca del 0.45 por ciento del total nacional.

Detrás de cada bloqueo, explicó Reyes Colmenares, existe un trabajo de seguimiento de operaciones financieras inusuales que permite detectar movimientos sospechosos y cerrar el paso a recursos que podrían terminar financiando otras actividades criminales.

La mayor concentración de cuentas intervenidas se encuentra en la Ciudad de México, donde fueron suspendidas 2 mil 300. Le siguen Jalisco, con mil 185; Nuevo León, con 955; Sinaloa, con 723, y Baja California, con 356.

Pero el golpe no se mide únicamente en número de cuentas. En ellas, las autoridades federales lograron inmovilizar 8 mil 670 millones 814 mil 57 pesos durante la actual administración.

La UIF identificó además que 7 mil 861 de las cuentas bloqueadas estaban relacionadas con integrantes de organizaciones criminales de alta presencia e incidencia en México.

La proporción dimensiona el alcance del rastreo financiero: aproximadamente una de cada tres cuentas intervenidas tiene relación con grupos delictivos.

Así, mientras las estrategias de seguridad buscan contener al crimen en las calles, la inteligencia financiera intenta cerrarle otra ruta: la del dinero que permite sostener estructuras, operaciones y redes criminales.